a {text-decoration: none; } En la punta de la lengua: Percepción de la docencia

25 jul. 2014

Percepción de la docencia





Nos estaríamos mintiendo si dijéramos que la cosa por acá va bien.  Nuestro mezquino gobierno sigue haciendo lo que le viene en gana, el país sigue siendo vendido bajo la promesa inventada de un mejor futuro y las nuevas generaciones siguen alcanzando la adultez con una corriente de pensamiento errada que seguirá contribuyendo a la miseria social de este país. En esta ocasión quiero hablar un poco sobre la percepción negativa de la docencia en México, como una de las muchas causas que potencian el triste panorama del que todos hablamos sin hacer nada al respecto. 



Hoy mientras platicaba con una empleada de la escuela de idiomas donde trabajo, me sorprendió  hasta cierto punto que percibiera el “ser profesor” como un estancamiento que no le gustaría para sus hijos, ya que el éxito, según ella, está en trabajar para una empresa transnacional.  La verdad no dije nada. Intenté respetar lo más que pude su punto de vista, le pedí mi pago de la semana y me fui con el ánimo por lo suelos, no porque me hubiera ofendido, sino porque una vez más comprobaba que estamos verdaderamente jodidos interna y externamente.

Sé que tenemos un sistema de educación deplorable que permite que literalmente cualquier hijo-de-maestra dé clases sin tener una noción mínima de lo que está haciendo. Sé que al menos para  la mayoría de los profesores de instituciones públicas los salarios son malos sin importar la calidad de su desempeño, y también sé que por muchos años, nuestra desviada idiosincrasia mexicana nos ha enseñado que los profesores son fracasados que no tuvieron lo necesario para hacer cualquier otra cosa; lo que fuera, pero otra cosa. 

Mientras que en otros países además de una licenciatura se requiere una certificación que varía dependiendo del estado, o inclusive una maestría para enseñar en los niveles elementales, nosotros tenemos una población de 120 millones de personas que en promedio leen medio libro por año (incluido el presidente), que en promedio no saben leer ni escribir (y me refiero a verdaderamente leer y escribir), que en promedio prefieren ver un partido de fútbol en vez de un programa de política o cultura,  y que encima de todo eso prefieren que sus hijos se dediquen a cualquier otra cosa en vez de a colaborar en la esterilización ideológica del país.

Para mí las causas de todo esto son bastante obvias.  El pueblo es ignorante y pasivo porque así le conviene a la sarta de subnormales que calientan el curul. Sin embargo, si no es a través de la educación y el resto de los medios de comunicación. ¿Por dónde empezamos? Es inminente que necesitamos un cambio desde los cimientos más profundos de nuestra sociedad, pero cómo hacerlo si la gente no quiere o no puede leer, no quiere o no puede ir a la escuela, y sigue con la virgen de Guadalupe atorada en la garganta, esperando que ella les dé “mejores oportunidades”.  Es un gran círculo vicioso. La clase media-baja ve al éxito en transnacionales, la clase media-alta en abrir un negocio innovador y solo un ínfima parte  en hacer lo que sea que te llene y aliente al desarrollo social.

No me queda más que esperar entonces que aquellos que sí queremos y podemos, seamos capaces de edificar una estrategia para reivindicar el camino hacía una  revolución del pensamiento, porque aunque una armada no se ve tan lejos, más muertes es lo último que nos hace falta.


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