a {text-decoration: none; } En la punta de la lengua: Carencias educativas del México contemporáneo

20 nov. 2013

Carencias educativas del México contemporáneo

Primer lugar Concurso de Ensayo Estudiantil "El despertar universitario de México"
Universidad de las Américas Puebla, 2013.




Dentro de la sociedad mexicana, uno de los dogmas más prevalentes hasta hoy sigue siendo la total imputación del mal manejo nacional únicamente al sistema gubernamental y a los gobernantes. No nos hemos detenido a observar que como sociedad todavía no explotamos todo lo que está en nuestras manos para asegurar una mejor realidad a mediano y largo plazo: la falta de pensamiento ético, crítico y la desintegración social siguen provocando que el futuro se esté poniendo, casi por defecto, en manos desconocidas.

Aunque cueste decirlo, el México del siglo veintiuno se niega a dejar atrás los lastres sociopolíticos que lo han caracterizado dentro y fuera de su territorio como una nación desorganizada, subdesarrollada y conformista, sin visión de futuro. Si bien muchas han sido las eventualidades que a través de los años nos han traído hasta aquí, el problema fundamental recae, a mi parecer, en la inexistencia de un verdadero sistema educativo que afronte los retos que representa educar a un país pluricultural, no solamente en materia académica sino también en aspectos referentes a una buena formación ciudadana.
No es mi intención discutir en las siguientes líneas temas relacionados con la inconformidad actual del magisterio o los cambios hechos a partir de la reforma educativa, sino plantear de la manera más objetiva posible, solo algunas de las insuficiencias en términos educativos que, creo, nos alejan de la sociedad aun idílica que todos debiéramos tener en mente como parte de una visión holística del porvenir.

Basta un botón como muestra para caer en cuenta que la educación nacional no está logrando sus objetivos, y aunque nuestros gobernantes puedan tener mucho o poco que ver en esto, no podemos deslindarnos de la culpa y esperar un verdadero cambio si no existe acción alguna por parte de una ciudadanía dormida y con pavor a despertar. Creo que el panorama actual se basa, entre otras cosas, en una actitud de indiferencia y egoísmo bajo el pretexto mediocre de ser incapaces de cambiar la forma en la que se maneja el patrimonio social de México. Está dentro de nuestras prioridades a corto plazo reconfigurar el sistema educativo, aspirando a que las siguientes generaciones, además de recibir una educación de calidad en las áreas esenciales de conocimiento, reciban también una formación ética para constituir ciudadanos asertivos capaces de cambiar el rumbo; sin embargo, estamos olvidando que somos nosotros quienes los educaremos, y por ello perpetuamos un círculo vicioso en lo que respecta a inculcar valores y creencias que no aplicamos, o en el peor de los casos ni siquiera tenemos. Lamentablemente, formamos parte de una generación más que creció bajo la doble moral de los mayores: quejándose por una parte de la ilegalidad con la que se maneja el país, pero por otra, incurriendo en ella, portando como estandarte la máxima el que no transa no avanza. Nos consideremos una cultura colectivista cuando se trata de nuestra familia y la fiesta, pero cuando hay que expresarnos como pueblo para demostrar inconformidad ante los mandatarios que en teoría hemos escogido libremente, preferimos volver a guardar silencio. ¿Entonces por qué nos quejamos del gobierno, si nuestros representantes simplemente están poniendo en práctica ese mismo conjunto de enseñanzas que se les ha inculcado? Habrá que cambiar la fórmula si queremos cambiar el resultado.
Además de esa actitud tan inconveniente, nos topamos con la falta inminente de desarrollo del pensamiento crítico, entendido con base en la definición de Emmis (citado por Díaz & Montenegro, 2010) como el pensamiento racional de un ser humano capaz de formar un criterio propio mediante el reconocimiento de lo justo y lo verdadero. Tal parece 3


que actualmente son sólo las instituciones privadas quienes han tomado la iniciativa sobre esta noción fundamental para desarrollar habilidades de expresión oral y escrita. Mientras tanto, el resto de los estudiantes mexicanos matriculados en instituciones públicas demuestran un avance insuficiente. De acuerdo con un estudio realizado por el Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (2008), el 43% de los alumnos de tercero de primaria, 63% de sexto y 56% de tercero de secundaria no alcanzan un dominio mínimo aceptable en este ámbito. Esto no repercute únicamente en lo académico, sino también en la relación que existe entre una formación retórica de calidad y un grado de conciencia suficiente para reflexionar con objetividad sobre el acontecer colectivo desde la individualidad.
Ahora bien, no es novedad que la televisión en México sea la fuente de información principal para la mayor parte de la población. En 2012 un 94.9 % de los mexicanos contaban con un televisor en sus hogares, contra un 26 % con acceso a Internet (INEGI, 2012). Lo importante es que, de acuerdo con estas estadísticas, sólo un cuarto de la población tiene la oportunidad de apreciar diferentes puntos de vista, mientras que una gran mayoría queda expuesta a la televisión abierta, constituida por un duopolio ampliamente ligado a fines gubernamentales y políticos, lo que provoca que la información que llega a los hogares sea presentada de forma parcial y conforme mejor convenga. Entonces, es justo ahí donde entra la necesidad por desarrollar habilidades de pensamiento crítico desde la educación básica, con el fin de sublevarnos a la influencia mediática e instruir a la población a ver la realidad desde diferentes puntos de vista. Hay que encontrar una forma de adaptar el currículo educativo a las exigencias contemporáneas que se vuelven cada vez más numerosas, porque mientras sigamos educando bajo la idea obsoleta de un modelo rígido, limitante de la creatividad y la libertad de expresión, la realidad social seguirá en decadencia. Ya muchas naciones han puesto el ejemplo de que el cambio es posible, y mientras nosotros difícilmente hemos 4


logrado alfabetizar a la mayoría, otros se preocupan por formar ciudadanos adaptables en lugar de adaptados.

Por último, me gustaría abordar brevemente un punto más que sin duda figura como un gran impedimento para el desarrollo. Una de las características latentes de México es su pluralidad etnolingüística, la cual ha sido vista más como un defecto que como una cualidad. Esto, por supuesto, ha ocasionado un gran problemática de discriminación y aislamiento social, además impulsada por los medios de comunicación mediante la presentación del fenotipo europeo como el individuo prioritario, mientras al indígena se le sitúa como un ciudadano de segunda mano. Hay mucho que decir con respecto a este tema, pero creo que lo más relevante en materia de educación es que estamos olvidando incluir a un parte significativa de la población dentro de la realidad actual. Según el INEGI (2010), el número de mexicanos mayores de 3 años hablantes de alguna lengua indígena asciende al casi 7% de la población total, por lo cual sería simplista pensar que un modelo educativo monolingüe pueda englobar la realidad de todos los alumnos. No obstante, parece que la planificación lingüística es uno más de esos temas que la Secretaría de Educación Pública ha marcado como irrelevantes para mejorar la calidad educativa, mientras la tendencia se dirige a la enseñanza del inglés como lengua extranjera.
Para ejemplificar un poco sobre el tema, Baronnet (2013) reporta la inexistencia en el estado de Morelos de instituciones federales con un enfoque bilingüe/bicultural, mientras que los centros educativos estatales que ofrecen cursos de náhuatl o mixteco para los más de 25,000 hablantes son escasos y se reducen a una asignatura precaria de la lengua. De igual forma, y como era de esperarse, los resultados en términos de desempeño escolar son menores en las escuelas atendidas por la Dirección General de Educación Indígena y por el Consejo Nacional de Fomento Educativo, en relación con las 5


escuelas generales o con las zonas citadinas. Ahora bien, la idea no es crear seis decenas de modelos educativos diferentes que se ajusten a las 67 lenguas, además del español, reconocidas por la Ley General de Derechos Lingüísticos de los Pueblos Indígenas como lenguas nacionales, sino seleccionar las estadísticamente más importantes y las geográficamente más difusas para crear nuevos modelos. Hemos visto cómo en países como Paraguay, Canadá y Bélgica, por mencionar algunos, han resultado exitosos los programas de integración nacional para comunidades diglósicas a través de la enseñanza formal de la lengua materna y las demás lenguas nacionales, ya que es evidente que la fragmentación de una sociedad fragmenta también su realidad.
Tal vez lograr una sociedad justa y equitativa sea utópico, pero no creo que lo sea una sociedad donde a todo mundo se le dé la oportunidad de avanzar social e intelectualmente. Sé que la lista de carencias es larga y la inconformidad se vuelve más evidente mientras el sector civil se va dando cuenta de las verdades subyacentes no solo en el ámbito educativo sino en el legal, económico y religioso; sin embargo, queda claro que los cambios o son graduales o son revoluciones. Espero que también quede claro, no obstante, que si de echar culpas se trata, nuestra pasividad y conformismo como ciudadanía también figuran en la repartición. Ojalá no haya vuelta atrás, que los cambios se realicen desde la raíz y que algún día esta república llegue a funcionar con base en lo que una mayoría crítica, inclusiva, coherente y despierta decida.




Bibliografía
Baronnet, B. (2013). Resistiendo desde las escuelas hechas de cartón: Las estrategias
de los pueblos indígenas ante la política de educación intercultural y la crisis de Morelos. En L. Huesca Reyonso, P. Aranda Gallegos, J. Horbath Corredor & E. Valencia Lomelí (Eds.), Alternativas en la crisis para la transformación de las políticas sociales en México (pp. 135-139). México: Centro de Investigación en Alimentos y Desarrollo.
Díaz, L. P., & Montenegro, M. R. (2010, septiembre). En M.M. Arce de Vera (Presidente). Las prácticas profesionales y el desarrollo del pensamiento crítico. XXXIII Simposio de profesores de práctica profesionales, Universidad Nacional de Santiago del Estero.


http://www.econ.uba.ar/www/institutos/contable/ceconta/Foro_practica_profesional/Principal/PDF_Simposio_2010/T_2010_06_Diaz_Montenegro.pdf
INEGI.(2010).Hablantes de lenguas indígenas.

http://cuentame.inegi.org.mx/poblacion/lindigena.aspx
INEGI. (2012). Disponibilidad y uso de tecnologías de la información en los hogares 2012. http://www.inegi.org.mx/est/contenidos/proyectos/encuestas/hogares/modulos/endutih/endutih2012/default.aspx


Jiménez Franco, V., Zúñiga García, M. R., Albarrán Díaz, C. D., Rojas-Drummond, S.,
 
Guzmán Tinajero, C. K., & Hernández Carrillo, F. B. Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación, (2008). La expresión escrita en alumnos de primaria (ISBN978-968-5924-33-7). http://www.inee.edu.mx/mape/themes/TemaInee/Documentos/mapes/laexpresionescritaa.pdf

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